Una mesa compartida entre oficio, origen y amistad.
En el mismo espacio donde alguna vez sonó la música del Pobre Diablo, hoy se cocina algo distinto. Clara nació de la coincidencia de tres cocineros que hicieron de Quito su punto de encuentro. Un lugar donde la comida y la bebida se disfrutan sin prisa, en confianza, con la calidez de un servicio que valora las relaciones tanto como los sabores.
De distintos caminos, una sola mesa.
La propuesta combina técnica, memoria y curiosidad. Detrás de cada plato hay una mirada distinta: la de Felipe Salas, ecuatoriano con experiencia en Asia, Oceanía y América; la de Ana Lobato, española formada en el País Vasco y enamorada del producto local; y la de Ángel De Sousa, venezolano, cocinero y pastelero con un pie en la sociología y otro en la tradición. En Clara confluyen sus trayectorias, Ecuador, España, México, Dinamarca, en una cocina que respeta la tierra, el oficio y la gente que los une.